El aporte de la memoria en la construcción de una historia ecológica

Por Patricia Montes*

Quizá mi recuerdo más fuerte, la memoria y esa conexión tan fuerte con la tierra la heredé por la fortaleza de mi padre. En las tardes de lluvia mi padre contaba historias que a la par de un fogón y acompañadas de una buena taza de café, se hacían interminables.

Mi padre Emérito Montes, un hombre campesino originario de una zona indígena, en el noreste de Honduras, siempre tuvo un amor muy fuerte por la tierra, la familia, su gente, la aldea, el arraigo a los caminos y a los animales. Él usó su primer par de zapatos a los 14 años y fue el primero de su aldea en salir, para ir a una zona semi-rural y poder estudiar la secundaria. 

Estas líneas familiares, para mí, son un tema de identidad y de memoria familiar, que trascienden a una memoria comunitaria ya que estamos hablando de una zona campesinas marcada por el histórico abandono estatal, el despojo, el olvido, la ruralidad, la pobreza, la migración forzada del campo a la ciudad; pero también muy marcada por el amor de esta comunidad campesina por su territorio. 

El maestro Ramón Vera-Herrera en su exposición nos habla de varios conceptos y uno de ellos es la memoria territorial y la idea de concebir el territorio como un espacio de encuentro. Sin duda alguna Santa Marta, la aldea donde nació mi padre fue y sigue siendo un espacio de encuentro y de lucha para esta comunidad.

Me gustaría destacar algunos puntos de la exposición que me parecen muy relevantes y el llamado que nos hacía el expositor sobre la intersubjetividad, la mezquindad y ganancia excesiva del modelo capitalista, de cómo podemos confrontar los enemigos reales y cómo podemos recuperar y reconstruir nuestro ser individual y colectivo.  

En relación al concepto de intersubjetividad me parece muy urgente seguir posicionando esta manera de ver la vida y de conectar con la naturaleza, la comunidad y la idea de que no vivimos solos o solas, que nos pensemos en colectivo y veamos el territorio como un tejido social. De hecho, es parte de la cosmovisión de los pueblos originarios y campesinos, visión que históricamente ha sido aplastada desde el saqueo colonial.   

En relación a la lógica dominante sobre la naturaleza, esa lógica capitalista donde prevalecen los intereses individuales, corporativos y las ganancias excesivas, Vera-Herrera, nos dice que esa lógica, no permite a la gente convivir con el territorio; solo pensar en la ganancia que podemos sacar del mismo y que estamos en un momento muy difícil donde las corporaciones acaparan los territorios y siguen prevaleciendo las relaciones de poder verticales que anteponen los intereses capitalistas. 

Se destacó el caso de México, donde la revolución mexicana jugó un papel fundamental que movió los cimientos sociales de la época, ya que fue una revolución anti latifundista que requería una reforma agraria e integral. En la actualidad, según el expositor, más de la mitad del territorio mexicano, está en manos de las comunidades, lo que incomoda al sector corporativo. 

La acumulación de riqueza y el despojo de los territorios a comunidades indígenas y campesinas se remonta a la época de la invasión colonial. En ese sentido hago eco a las palabras de José Augusto Padua, que nos habla del concepto de imperialismo ecológico y destaca esa búsqueda de lucro insaciable en los últimos 500 años. 

“En los últimos 500 años ocurrió un cambio muy profundo a raíz de la búsqueda de lucro y acumulación de capital; de recursos de todo el planeta para ser explotados y transferidos a Europa, incluso con el trabajo de esclavos. Se conquistaron grandes territorios y se destruyeron sistemas productivos. En estas tierras, ya sin gente, se establecieron grandes monocultivos” (Padua, 2009, p 21). 

Vera-Herrera, es muy enfático y expone que si hay enemigos reales y que debemos confrontarlos de manera más radical. Se refiere al sistema capitalista como un aparato que tortura, que despoja y hace hincapié que un sistema con estas características no se puede reformar y tiene que ser erradicado. Un ejemplo concreto son los tratados de ‘libre’ comercio, que son un mecanismo de dominio y despojo del sistema económico.     

A modo de cierre nos motiva a reivindicar la memoria territorial y a ejercer de manera responsable la custodia de la tierra. Plantearnos cómo podemos recuperar y reconstruir nuestro ser individual y colectivo y apelar a las prácticas amorosas para vincularnos y recuperar y reivindicar esa memoria que tiene que ver con el amor y los sentimientos. 

Desde mi espacio y mi memoria familiar y comunitaria celebro la identidad campesina esa identidad marcada por la ruralidad de varias generaciones de mi familia y rescato la importancia de reivindicar la memoria de las comunidades campesinas del nordeste de mi país Honduras, para que puedan ser visibles desde el respeto y la autodeterminación.  

Bibliografía 

Padua, José Augusto. (2009). Pensar la historia ecológica. En: Una aproximación a la historia ecológica del ecuador y Latinoamérica. Instituto de Estudios Ecologistas del Tercer Mundo: Red de Ecologistas Populares.

Vera, Ramón. (2024, 28 de febrero). El aporte de la memoria en la construcción de una historia ecológica. Curso de Ambiente y ecosistemas culturales de América Latina, Heredia, Costa Rica. https://www.youtube.com/watch?v=BG9z_Xd_9Rg

*Estudiante Hondureña de la Maestría en Estudios Latinoamericanos, IDELA-UNA, en el marco del curso Ambiente y Ecosistemas culturales desde América Latina. Aportes y revisión del profesor Mauricio Álvarez Mora.